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La importancia de celebrar

16 de marzo de 2012

Mamá, ¿a qué te huele el sobaco? Estamos en la panadería, en la cola para comprar el pan. La madre, unos cuarenta años medio camuflados bajo un abrigo oscuro, se me queda mirando con aire entre avergonzado y resignado. Yo trato de devolverle una mirada cargada de complicidad No te preocupes, es normal, con el calor que hace... al tiempo que me quito el jersey gordo de lana que se me ha ocurrido colocarme esta mañana. La niña, que le llega a su madre más o menos a la cintura, y que calculo debe de tener unos seis o siete añitos, vuelve a la carga Mamá, ¿a qué te huele el sobaco? Esta vez la panadería al completo se queda en silencio, las dos vendedoras quietas como estatuas de sal.

Una vez dentro del ascensor, con las dos barras de pan y el jersey gordo de lana sobresaliendo del bolso, pienso que faltan cuatro o cinco días para el comienzo oficial de la primavera, y en las ganas que tenemos todas de enterrar los abrigos y las medias gruesas y sentir sobre nuestra piel el tacto del algodón, el lino, o cualquier otro tejido ligero o vaporoso.

Me siento delante del ordenador y clico aquí y allá chafardeando las propuestas de moda para esta primavera. Pero no es suficiente. Y sonrío dispuesta a salir de nuevo a la calle, entrar en el primer Zara o H.M que se ponga a tiro y comprarme una camiseta, una pulsera o unas sandalias de tacón. Lo que sea para celebrar haber sobrevivido a este invierno que, tal como están las cosas, me parece casi un milagro, una auténtica proeza. Y es que si cuando comencé a frecuentar la facultad aprendí que existían otros mundos, si gracias a mis hijas he entendido el significado de la palabra tolerancia, con los años vividos he comprendido la importancia de celebrar. Celebrar como sea, donde sea y cuando sea, pero celebrar.

Foto de mi tienda favorita. He estado sólo una vez y está en Amberes.

Foto de mi probador favorito. He estado varias veces (aunque aún no me he probado nada) y está cerquita de casa (calle Provenza 290).

Ana