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Las dos cara de la moneda

3 de noviembre de 2010

Los escritores solemos aprender mucho de nuestros personajes de ficción. Y yo con los personajes de mi novela he aprendido que no vale la pena sufrir por una infidelidad porque la fidelidad aquí y ahora es una causa perdida.

Con la teoría bien aprendida y con ganas de ayudar se lo repetí ayer por teléfono a una amiga, que llevaba tres días llorando por un "desliz" de su pareja, aunque sospechaba que mis palabras no iban a servir de nada. Y, efectivamente, no sirvieron de nada porque todo lo que yo acerté a decir ella ya lo sabía. Y lo sabía, entre otras cosas, porque también ella ha tenido un lío que le ha alegrado la vida durante una larga temporada. Pero aún así mi amiga llora, y llora, y sigue llorando. Hoy hace cuatro días que mi amiga llora por culpa del "pequeño problema".

La cara y la cruz de la misma moneda (o la doble moral, según guste).

Ana