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Aparente simplicidad

19 de octubre de 2010

Citarte con una desconocida y que nada más verte te diga que tu obra ha llegado a sus manos en el instante justo, que ha sido un regalo que le ha caído del cielo, y que te lo diga abriendo la novela y mostrándote un montón de frases subrayadas aquí y allá con rotulador, celebrando que detrás de la simplicidad de las formas apunten unas reflexiones maduras e interesantes, es una gozada. Pero que encima lo repita públicamente en un medio en que sus opiniones son atendidas por un montón de personas, y lo exprese de corazón, no tiene precio.

Hace que te olvides de los miedos, las inseguridades, del tiempo que supones perdido corrigiendo por centésima vez una escena que se resiste, o puliendo un diálogo para que resulte más atractivo o más cercano. Hace que te des cuenta de que tu intención de llegar a la gente se ha hecho realidad y, de pronto, y por arte de magia, tu trabajo adquiere un sentido.

Porque por muchas muñecas Barbies que haya en la portada, detrás de "Un pequeño problema" (como detrás de cualquier otra novela) hay muchísimo trabajo. Trabajo e ilusión, y, tal como os debe de suceder a cada uno-a de vosotros-as en vuestras respectivas profesiones, el reconocimiento es lo que anima a seguir.

Gracias, Mariona. Ha sido un placer.

Ana